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14 de Noviembre de 2017

Innovación, emprendimiento y futuro

Un crecimiento empresarial sano y sostenible en un entorno tan dinámico como el actual requiere intraemprendedores. Sin importar el tamaño, cualquier organización debe explorar vías nuevas e inesperadas de desarrollar su negocio de forma sostenida y sistemática. El futuro pasa por potenciar la mentalidad emprendedora en las compañías consolidadas, para poder crear soluciones innovadoras de forma ágil minimizando los recursos invertidos.

Nuestra metodología de las 5 palancas, fruto de una experiencia de más de 15 años ayudando a empresas a evolucionar y crecer, ofrece un sistema integrado completo que permite desarrollar el emprendimiento corporativo en las organizaciones, obteniendo una innovación eficaz y rentable.

La primera palanca es la estrategia, porque adoptar el emprendimiento corporativo es una decisión estratégica. Va a tener un impacto en la consecución de la misión de la compañía y en su definición del porqué de su existencia, así como también en su capacidad de supervivencia y crecimiento. Además, supone un compromiso de recursos y una apuesta que cambiará la cultura de nuestra organización influenciando en sus valores.

La segunda palanca es el ecosistema interno adecuado, el caldo de cultivo donde los intraemprendedores podrán desarrollar su actividad. ¿Seleccionamos personas curiosas e inquietas? ¿O preferimos personas tranquilas, que no cuestionen nada y que estén orientadas a eficiencia? Lamentablemente, las organizaciones establecidas y maduras no son el mejor hábitat para el que tiene espíritu emprendedor. Es mejor ser obediente que rebelde.

Además, existe una influencia exógena que no es beneficiosa para el emprendimiento, como es la cultura de nuestro país. Nos cuesta mucho admitir que el fracaso es un auténtico aprendizaje, nos cuesta mucho entender que a veces es obligatorio hundirse para aprender a nadar mejor. Hemos visto un gran cambio en los últimos 10 años, gracias a una clara influencia de tendencias como el emprendimiento corporativo, que fomenta el espíritu y carácter emprendedor en las organizaciones para ganar agilidad y competitividad, o la innovación abierta que invita a colaborar con emprendedores que son los más rápidos e innovadores. Cada vez más, el fracaso es una línea en el currículum muy apreciada, porque delata un aprendizaje intenso, iniciativa, capacidad y madurez.

Winston Churchill decía que “el éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse”. En Estados Unidos se venera el fracaso, con lemas como el “fail fast, fail often”, que son habituales en un hábitat donde reina la competitividad. En el mundo de la innovación el lado práctico es fundamental, porque hay desafíos que solo se pueden entender y superar haciéndolo, desde dentro, en “trinchera”, desde “el barro”.

Las grandes organizaciones entienden cada día más que la innovación la forjan los valientes, por lo que hemos de crear un ecosistema que invite a arriesgarse, en el que el fracaso bien intencionado sea bienvenido. Es un intenso aprendizaje bajo la norma del “learn-by-doing”. Es curioso ver como cada día más organizaciones consolidadas nos piden proyectos de adopción de metodologías de “lean startup”, cuya base es que si has de fracasar, fracasa lo antes posible minimizando tiempo y recursos invertidos.

En el mundo de la inversión profesionalizada se valora mejor al emprendedor que ha cometido errores. Si no hay errores, puede implicar que podíamos haber ido más rápido o que nos falta ambición. Fracasar es casi indispensable para poder triunfar.

Las palancas tercera y cuarta establecen un mecanismo, un circuito, un viaje. No podemos olvidar que la innovación fracasa cuando falta método, orden y rigor, por ello es fundamental establecer unas reglas mínimas, que deben ser claras y universales. Para la organización es fundamental establecer un sistema de detección de ideas de negocio, filtrar las verdaderas oportunidades según el grado de atractivo para la corporación y sobre todo, convertirlas en negocio. Este último punto cobra mucha importancia, porque el gran reto no es tener creatividad, es saber implementar y desplegar la iniciativa con éxito.

Por último, la quinta palanca es el cuadro de mando, que debe integrar aquellos indicadores que nos permitirán gobernar el emprendimiento corporativo. Desde la cantidad a la calidad, pasando por indicadores de evolución cultural o incluso de rentabilidad. La innovación no es una caja negra, no son experimentos puntuales. La innovación es una actividad empresarial, con disciplina, proceso y resultado medible como cualquier otra área funcional de la empresa.

Intraemprender es innovar, es una invitación a soñar, con la energía y la pasión que hace cuestionar lo que siempre ha sido imposible. Liberamos el potencial de toda nuestra organización para ser nosotros quienes definamos las reglas de juego, siendo proactivos para liderar el cambio, el porvenir y un nuevo futuro. 

Artículo escrito por: Joan Riera y Tomás Soler.