Vacío

Total: 0,00 €

Blog

08 de Mayo de 2019

¿Puede afectar una comida a tu productividad en el trabajo?

Cualquier persona con responsabilidades debe cuidar su modo de comer y beber porque solo así conseguirá gobernar de manera correcta.


Compartir

En el acto de comer, el placer está tan entremezclado con la necesidad de alimentarse que no resulta fácil diferenciar. Quien no es capaz de vencer al desmedido anhelo por el alimento difícilmente es capaz de gobernar de forma adecuada.

En ocasiones se simplifican las cuestiones y se considera que el hábito operativo negativo denominado clásicamente gula consiste únicamente en ingerir pitanza excesiva. En realidad, pueden distinguirse, cuando menos, cinco tipos diversos de glotonería. A saber:

  • Adelantar injustificadamente la hora de las comidas.
  • Reclamar manjares exquisitos.
  • Solicitar viandas preparadas con descomedido esmero.
  • Excederse en la cantidad.
  • Ingerir con desmedida voracidad.

Es comúnmente aceptado que las consecuencias de la falta de moderación en la comida y en la bebida son las siguientes:

  • La inconsistente manifestación de contento.
  • La actitud bufona.
  • La locuacidad.
  • La carencia de agilidad mental.
  • El desproporcionado desarrollo de las necesidades venéreas.

Para ayudar a las organizaciones, Javier Fernández Aguado diseñó a comienzos del siglo XXI un método de diagnóstico organizativo al que denominó Gestión de lo Imperfecto con el que ha ayudado a instituciones públicas y privadas de numerosos países a descubrir sus imperfecciones y a transformarlas en palancas que ayudan a ganar competitividad.

Vivimos en un entorno defectuoso con estructuras, colaboradores, proveedores y clientes imperfectos. A todo ello se suman nuestras limitaciones personales. Quien aspira a trabajar en una organización o con personas irreprochables pronto se frustra. El sendero hacia el éxito profesional y personal transita por aprender a enfrentarse a la realidad tal como es.

Liderar en un mundo imperfecto, además, proporciona claves que todo directivo debe poseer para encaminarse hacia la perfección: prudencia, justicia, moderación y fortaleza.